
Hay realidades que no se pueden ocultar. A pesar del esfuerzo final en los minutos finales del partido que ayer ganó (de forma insuficiente) el Real Madrid sobre el Borussia de Dortmund no es de extrañar la enésima eliminación del club blanco de la máxima competición europea de fútbol. Un Real Madrid que mostró a la desesperada un fútbol cateto, ramplón, resultadista y deficiente. Una eliminación que muestra la deriva de un club y un equipo creado a imagen y semejanza del modelo de pelotazo económico de España, que como sabemos está en ruinas y no sale adelante. Un equipo que invirtió la indecente cantidad de 500 millones de € para ganar sólo 2 títulos locales en 3 años y ninguno a nivel europeo. Un club que trajo un entrenador conspiranoico, tóxico e inmoral al que se le dio plenos poderes para pervertir el entorno, ejercer la violencia verbal y física, que ha jugado sucio, que ha realizado mobbing sobre el capitán del equipo y mejor portero del mundo y que ha contado con la connivencia de la mafia del poder deportivo, político y econòmico español y conseguir de forma escandalosa, no ser sancionado. Y todo esto no lo han entendido ni querido digerir una gran parte de sus aficionados. No hay más ciego que el que no quiere ver.
Enfrente, los modelos del FC Barcelona o del Manchester United o del Bayern de Munich, son ejemplo de lo contrario. Diferentes, tanto en sus resultados como en su estilo. Por eso, si estos equipos no pasan de semifinales o pierden una final en su propio estadio....no pasa nada. Continuan su camino construido sobre bases sólidas. Estos tres equipos han sabido adaptarse a los tiempos modernos. Aplicando fórmulas y estrategias de gestión deportiva innovadoras y estratégicas a largo plazo y labrando una cantera capaz de transformar y crear un estilo propio y creando una red de profesionales orientados a la eficiencia en la gestión de club deportivo. Y no buscando resultados a corto plazo y quemando a velocidades siderales entrenadores, futbolistas y periodistas contratados como agresivos mercenarios que vomitan mierda y más mierda sin descanso intentando socavar el equilibrio y la masa social, en este último caso del FC Barcelona y del fútbol español en general.
El Real Madrid vive en la nostalgia del pasado, de un tiempo en blanco y negro. Sólo es una cuestión de saber innovar y adaptarse y hoy día el club del siglo XX pasa sin pena ni gloria por los prados verdes del siglo XXI. Porque juega un fútbol que busca un dato estadístico absurdo: la décima. No cultiva un fútbol y un modelo inteligente con el que ya llegarían los resultados tarde o temprano. Querer buscar la décima como quien ha querido hacerse millonario en pocos días a través de pelotazos urbanísticos, propio de una cultura poco democrática, atrasada y de poca altura moral. Y ello es una pesada losa con la que llevan cargando más de una década. Y mientras siga basando su modelo en los millones, en la imagen y exclusivamente en el márketing y no en la innovación y la creatividad muy probablemente continuará por la senda de la frustración estrellándose año tras año contra el muro de las semifinales. Como máximo, sólo una concatenación de hechos fortuitos puede obrar de forma puntual y fragmentaria el milagro. Pero no tendría continuidad. Lo que está claro es que no se puede vivir de la inspiración y del golpe de genio de futbolistas más que contrastados, ya que como algún sabio del deporte dijo, "el fútbol es un estado de ánimo" y que un equipo tenga confianza no puede depender exclusivamente de los millones invertidos y de la calidad individual de sus futbolistas.


Y es que cuando un equipo apela al espíritu de un muerto es que el equipo está muerto. Un espíritu que sigue vivo. Es una forma más de vivir. Espiritualmente. O simplemente, de ir tirando y esperar en la cola de la oficina de loterías a que algún día la diosa fortuna les conceda el santo grial de la décima, cosa harto improbable.
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