lunes, 7 de enero de 2013

La res publica



Quién no ha oído hablar en alguna ocasión de El Príncipe, obra de Nicolás Maquiavelo, historiador y filósofo de la República de Florencia de principios del siglo XVI. De entre las frases más destacadas quizás destaque aquella que dice: "...puesto que los hombres aman según su voluntad y temen segun la voluntad del príncipe, un príncipe debe depender solo de lo que es suyo y no de lo que es de otros, solo tiene que ingeniárselas para no ser odiado...".  
En pocas palabras, se puede definir este libro como un tratado sobre teoría política y que se utilizó, con el tiempo, como una herramienta para educar eficazmente en el poder a políticos y hombres de negocios.

Y efectividad política es lo que se puede desprender después de repasar los 75 años de vida y casi 40 de reinado del monarca español don Juan Carlos I. Podrán rebatir que dicha efectividad no ha ido más allá de una positiva proyección pública que le ha mantenido siempre como un jefe de Estado ejemplar y bien valorado en la esfera internacional. Y ello, a pesar de una atribución de poderes muy limitada en el ámbito ejecutivo. No ha sido hasta 2012 cuando esta reputación se ha visto amenazada por una serie de hechos bien conocidos: primero por la práctica por parte del monarca de safaris – y no fotográficos precisamente - como afición personal mientras millones de sus súbditos se veían arrojados al abismo de la caridad y la miseria, cuando no, éstos mismos se arrojaban al vacío quitándose la vida. Y segundo: cuando trascendió que su yerno –Iñaki Urdangarín- estaba implicado en un caso de desvío de dinero público con la consiguiente imputación judicial.

La entrevista realizada recientemente por Jesús Hermida en la televisión (de momento) pública española al rey, con motivo de su 75 cumpleaños no ha hecho más que confirmar que la figura del rey ha sufrido un importante desgaste y no conserva la consistencia y credibilidad de años atrás. Pero ya que se ha querido reflejar en la entrevista su valía en el pasado, analicemos brevemente el contexto histórico que ha sido obviado en esta misma entrevista:

El dictador y genocida Francisco Franco sostenía en los años 60 un difícil equilibrio: mantener encendidas las cenizas del Movimiento Nacional mientras se dejaba caer en los brazos salvadores de los tecnócratas del Opus Dei con el fin de mantener un gobierno sostenible en lo económico. Y, obviamente, consciente de que su vida tenía fecha de caducidad, le preocupaba dejar todo atado y bien atado. Por este motivo y aplicando la Ley de Sucesión en la Jefatura de Estado de 1947, se ratificó en julio de 1969 a Juan Carlos de Borbón como el sucesor de Franco, asegurándose este último la instauración (que no restauración) de una monarquía que permitiera la continuación del Movimiento Nacional. Desde aquel momento se convertiría en Príncipe. Pero llevaba ya más de veinte años de estudios y preparación concienzudamente orientada a cumplir los designios reales. Y que le sirvieron para romper la regla dinástica en detrimento de su padre Juan de Borbón, el legítimo heredero según los derechos dinásticos.
Desde aquel entonces comenzó a tener todos los elementos a favor. Destaquemos los principales: el futuro hombre fuerte del Estado, Carrero Blanco, inició en diciembre de 1973 en Madrid una trazada aérea, de la que nunca regresó. Hecho que ocurrió a doscientos metros de la embajada americana sin que – misteriosamente –  advirtieran nada los servicios secretos americanos. Mientras, los cachorros de ETA y los agentes de la CIA se miraban cómplices y contentos de que nunca volvería a molestar. Ni tampoco al rey, cuyas intenciones de reforma política hubieran chocado frontalmente contra una persona profundamente contraria a cualquier intento de reformar el Movimiento Nacional. Dos años más tarde fallecería Franco. Ya en 1981, tuvo lugar el último sainete de corte militar: Milans de director de coreografía, Tejero como protagonista principal y Armada entre bambalinas. Los tres tenores de la España cavernícola, cafre y casposa pasaron a un estado de eterna hibernación tras la intermediación del rey. Y lo más importante: la Comisión de los Nueve y, sobre todo, los Pactos de la Moncloa hábilmente liderados por Adolfo Suárez sirvieron, oficialmente, para paliar los efectos de una brutal inflación con origen en la crisis económica internacional de 1973 (dicho sea de paso, aquellos pactos guardan numerosas similitudes con las actuales reformas laborales y políticas de austeridad de los gobiernos del PSOE y del PP).

La realidad es que estos acuerdos económicos y políticos comportaron la eliminación de la capacidad de decisión de los movimientos obreros, sindicales, vecinales, feministas y estudiantiles de base que se vieron obligados a delegar la gestión del poder en los líderes socialistas, nacionalistas y comunistas. Tal y como se demostró posteriormente, lo único que perseguían estos líderes era hacerse un hueco en el sistema político. Finalmente, la Constitución de 1978 fue simplemente la confirmación de todas las concesiones realizadas por una izquierda débil y presa de la ansiedad, que después de cuarenta años de dictadura, persecución, torturas y ejecuciones aceptó deprisa y corriendo una democracia exprés y una monarquía como mal menor.

A partir de aquel entonces, Su Majestad tuvo ante sí el camino libre y supo moverse entre los hilos del poder político, financiero y eclesiástico y -sobre todo- periodístico, que le juraron fidelidad, permitiendo un pacto social tácito de no molestarle, ya fuera en la esfera pública o en la privada.

De cara al pueblo, el modelo transmitido fue el del héroe defensor de los derechos democráticos en la Transición que había sabido desvincularse de un régimen dictatorial. De facto fue así. Pero un simple análisis técnico, estadístico y político demuestra que lo que se produjo en la Transición fue la aplicación del principio lampedusiano de cambiar todo para que todo siguiera igual. La izquierda olvidó lo que había defendido en la clandestinidad: la restauración de la República como objetivo único de la recuperación de las libertades civiles y democráticas. Después de diversas legislaturas en que PSOE y PP han ido alternándose el poder sin opositores que les ofrecieran resistencia, los excesos reaccionarios y de prevaricación de los gobiernos no fueron más que elementos que favorecían a la monarquía como una institución ejemplar.

Pero los actuales efectos de la crisis económica, social y moral de la sociedad española, no sólo están haciendo mella en el ADN de la mera y básica subsistencia del día a día de millones de familias al borde de la exclusión social. También están haciendo mella en la imagen de una monarquía que ya no cuenta con el beneplácito del pacto de no agresión entre medios de comunicación y la institución monárquica. No son pocos los ciudadanos que comienzan a ser conscientes de que no son súbditos ni esclavos de las políticas económicas ultraliberales, y menos de una monarquía. Empiezan a tomar conciencia de la humillación a la que son sometidos. Y ello, a pesar de que la conciencia de clase de otros tiempos que facilitaba la cohesión entre ciudadanos a través de la solidaridad, ha ido decreciendo desde la Transición y reaparece hoy día. Pero con insuficiente fuerza, sobrepasada por el tsunami de parias sociales que vomitan las calles cada día, no a cientos sino a miles.

De aquellos lluvias estos lodos y a la ciudadanía todavía le resta la interpretación de un pasado en el que no decidió ni mucho menos el modelo de Estado actual. La monarquía no fue una restauración ni por medios democráticos ni por derechos históricos. Fue una transacción, que no Transición, (tal y como defiende el doctor en Historia, Bernat Muniesa), un traspaso de poderes con lavado de imagen, actualización a las normas europeas y una adecuación y modernización de los poderes fácticos de siempre. De las mismas familias y grupos de presión de siempre.

República proviene de res publica, es decir, la participación del pueblo. En cambio monarquía proviene de mono y arkhein, que significa gobierno único.

Tanto la ciudadanía como el rey quizás se hallen ahora en un punto de no retorno, pues se hallan, entre ambos, en una posición cada vez más asimétrica. Y el mundo actual obedece fielmente a un principio heraclitiano: todo fluye, nada permanece.
Tal y como se menciona en El Príncipe: "...puesto que los hombres aman según su voluntad y temen segun la voluntad del príncipe, un príncipe debe depender solo de lo que es suyo y no de lo que es de otros, solo tiene que ingeniárselas para no ser odiado...".

Veremos cómo se las ingenia.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Los políticos que no amaban a los cines

El Periódico de Catalunya. Jueves, 29 de noviembre de 2012

Cornellà pierde el Cine Pisa, su última sala de cine tradicional

En su lugar se edificarán un centenar de viviendas, 20 de ellas de protección oficial

  
Sábado tarde. Diciembre de 1977. Ocho añitos. Mi vecino Johnny y yo salimos de la colmena de hormigón, calle trece, celda seis. Abordamos la travesía de montículos de tochanas, pegotes de cemento y tropezones de alquitrán. Sorteamos el enredo del gato Blas triscando con las raspas de merluza en el descampado. Las chapas, las limas y las gomas de saltar eran de todos y no eran de nadie. Recordando la catequesis del viernes. De corte comunista. Del padre Salvador. Un cura pecador, de los de verdad. Como Dios manda. Acogiendo reuniones clandestinas, camellos y desahuciados en la parroquia más libertaria de los márgenes urbanos. Y con la hoja afilada del obispado meciéndose amenazante sobre su calva. Y el padre Salvador meciéndose en el descampado de la insurrección como quien oye llover. Pantalones de pana de extrarradio. Con la plasta de barro salpicada en los tobillos. El pantalón remendado del invierno anterior  y las rodilleras de tergal que nos cosía la abuela se mostraban como orgullosas condecoraciones al mérito callejero. Y los bolsillos custodiando los cromos repes: Iríbar, Migueli y Santillana. Y con la imagen futbolística del año, refulgiendo en la retina infantil: Juanito recibiendo un botellazo en el Yugoslavia-España. El orgullo de la roja, extraviada por culpa de míseras guerras civiles, secuestrada por el Plan Marshall y la  escopeta nacional. El Mundial de Argentina 78 esperaba.
- ¡No diga Kempes, diga gol! - aullaba el locutor de Carrusel Deportivo
Hasta que Cardeñosa falló lo imposible. Lupas de hipermetropía de diagnóstico tardío. Noticiarios de plomo. Atentado por la mañana, atentado por la tarde. Noticias nunca programadas, siempre aseguradas. 625 líneas de blanco y negro.
- España tiene dos graves problemas: ETA y Cornellá - dijo el militar.
Yo no sabía por qué. Sólo sabía que Cornellá tenía mil conflictos y no había problema alguno en ello.



Héroes: los había de dos clases: los de papel, de la Bruguera. Y los de carne y hueso: los perros callejeros. Y también había villanos: los señores de gris sobre fondo gris que bajaban por la avenida corriendo y te estampaban la porra en la espalda. Al jadear se les olía el agrio del alma indigestada por cuarenta años de dictadura. Donde nunca supimos qué cojones era aquello de la Nova Cançó ni falta que nos hacía. Ya teníamos a La Banda Trapera del Río, los príncipes de las cloacas, los Sex Pistols del Llobregat. El primer grupo de punk de España.  


Y sin pensar un segundo en todo aquello, así fue como mi vecino Johnny y yo fuimos juntos a ver La guerra de las galaxias. Una  larga cola compuesta por un chiquillerío histérico e impaciente, espoleado por los vuelos marciales de Bruce Lee  nos esperaba. Dobles sesiones de kung-fu y humor grueso. Serie B. B de barrio. 75 pesetas. De fotogramas quemados, de operadores de corta y pega y sonido chisporroteante. Luego vendrían Bud Spencer, Grease, Supermán, E.T. La general y la platea. El gallinero y la purria, los hijos de trabajadores. Y las banquetas de madera, cuidado no te fuera a tocar la de la semana pasada que algún quinqui partió en dos mientras se lo montaba con Paqui la del colmado. El acomodador entonces mostraba la tarjeta roja y expulsaba del cine al quinqui y sus amigotes. Y los niños explotaban a reír, y el cine aplaudía. El crujir de las bambas sobre la alfombra de pipas y la sesión contínua. Eso era el cine Pisa.



¿Y ahora, qué? Ahora palomitas de plástico y viviendas de corrupción oficial.

Que la fuerza os acompañe.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Las tres mariposas



Las hermanas Mirabal - Patria (n. 1924), Minerva (n.1926) y María Teresa (n. 1935) – fueron tres muchachas que nacieron y crecieron en la República Dominicana, en una zona rural y vivieron de forma acomodada gracias a su padre, comerciante y hacendado. Durante su etapa de aprendizaje escolar destacaron por su inteligencia y su aplicación en los estudios. Pero la llegada al poder del dictador Rafael Leónidas Trujillo precipitó la pérdida del sostén económico de la familia. El principal motivo fue porque el padre, Enrique Mirabal,en 1949 invitado en tres ocasiones a una fiesta organizada en el Palacio de Gobernación en honor al dictador, defendió a su hija Minerva cortejada por Rafael Trujillo. Hasta en tres ocasiones, Minerva rechazó  el galanteo de Trujillo, hecho que puso furioso a éste y puso en marcha un plan con el que vengarse. Enrique Mirabal, fue objeto de una destrucción que duró cuatro años, no antes sin haber sido torturado y habiendo pasado por diferentes prisiones hasta su muerte en 1953.
Minerva, antes de los hechos, ya se posicionó como activista política y durante sus estudios universitarios en Derecho, en los que logró brillantes notas y acabaría doctorándose, aumentaría su actividad en contra del régimen sanguinario y represor de Trujillo. Sus hermanas, María Teresa y Patria, al igual que Minerva, se casaron con hombres con los que compartían sus ideales de lucha y preocupación por la ausencia de derechos y libertades civiles, no ya en República Dominicana sino en el resto de América Latina. Todos ellos, formarían parte del Movimiento Revolucionario del 14 de junio, y las tres hermanas clandestinamente se harían llamar “Las tres mariposas”.
Entre tanto, Trujillo, ya había ordenado espiarlas y perseguirlas, teniendo como resultado su detención, torturas y violación en varias ocasiones, así como a sus respectivas parejas se les encarceló durante largos períodos de tiempo. En su empeño por continuar su lucha, Las Mariposas, continuaron luchando en la clandestinidad y Trujillo decidió quitárselas de encima.
Tras urdir un plan junto con el Servicio de Inteligencia Militar (SIM) del régimen, el 25 de noviembre de 1960 se les tendió una emboscada en las afueras de Puerto Plata, las secuestraron a punta de pistola, las torturaron y las asesinaron de forma salvaje y cruel, golpeándolas con palos y otros objetos contundentes hasta su muerte. 

 A continuación las introdujeron en el vehículo donde viajaban junto con el chófer que también fue asesinado e hicieron precipitar al vehículo por un terraplén para simular un accidente.Su asesinato, que no pudo ocultarse, impactó de lleno en la sociedad dominicana y sirvió para enervar los sentimientos de injusticia entre del pueblo dominicano y al año siguiente, el régimen empezó a derrumbarse con el asesinato de Rafael Trujillo y los ejecutores de Las tres mariposas condenados – aunque ninguno cumplió la condena de 30 años que se les impuso, es más, se les sacó del país a través de pasaportes falsos poco tiempo después.

Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

Las tres hermanas, fueron objeto de debate en 1981 en el I Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado en Bogotá, Colombia y se decidió marcar el 25 de noviembre como  el Día Internacional de No Violencia contra las Mujeres. Posteriormente, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprueba la Declaración A/RES/48/104  sobre la eliminación de la violencia contra la mujer y en 1999 la misma ONU emite la resolución 50/134 en que se aprueba el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en memoria de las hermanas Mirabal.
 

Violencia política y violencia de género 


De los diferentes artículos de la resolución se desprende que el asesinato de Patria, Minerva y María Teresa confluyeron dos tipos de violencia: la violencia de estado y la violencia de género, ésta última como consecuencia de aquella entendiendo este tipo de violencia como producto de las profundas raíces del sistema del patriarcado especialmente en países gobernados bajo dictaduras, Quedó probado que los instrumentos de poder y de servicio al estado atentaron contra los derechos humanos de las hermanas Mariposas, en el que incurrieron el secuestro, la tortura, la brutalidad policial y militar y el asesinato político a través de una ejecución extrajudicial.

Conexión de los servicios secretos españoles y Trujillo

El régimen de Trujillo, contaba con un aparato de represión: el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), y que actuaba como policía secreta en los últimos años de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Intervenían con plena licencia para actuar, extendiendo la estrategia del terror entre la población civil practicando para ello con el espionaje, la coerción, la persecución, la tortura, el secuestro y el asesinato. Uno de sus jefes, el militar dominicano Johnny Abbes García, fue conocido por sus brutales métodos sádicos y crueles. Y éste mismo fue quien organizó el plan para asesinar a las hermanas Mirabal. Mario Vargas Llosa, en su novela de La fiesta del chivo, ambientada en la dictadura de Trujillo, interviene como personaje de la misma, Johnny Abbes.
La actividad del SIM tuvo lugar entre 1957 y 1962 y justamente recibió la ayuda del dictador Franco. Uno de sus funcionarios de policía  más reconocidos, el supercomisario Roberto Conesa, viajó hasta la República Dominicana, donde estuvo colaborando con los militares del SIM para adoctrinarlos y perfeccionarlos en las estrategias y técnicas de persecución contra elementos contrarios al régimen, estancia que coincidió con la dirección del SIM de Johnny Abbes.
Roberto Conesa, ejerció la función de servidor al franquismo desde muy joven. Al final de la Guerra Civil, estuvo implicado en la detención de Las Trece Rosas; luego sería un destacado funcionario al servicio del Estado español, primero siendo jefe de la Brigada Político-Social  y luego en la etapa de la Transición dirigiendo diversas operaciones policiales desde las cloacas de los servicios secretos del Estado llegando a estar relacionado con organizaciones terroristas de extrema derecha españolas e italianas. Llegó a ser conocido como el supercomisario y temido por las fuerzas de izquierda en la clandestinidad por sus métodos brutales de interrogatorio y tortura. Ésta es, una de las innumerables pruebas que la Transición no fue ni pacífica ni modélica y está demostrado que la violencia de género formaba parte de sus estrategias de terror sobre aquellos que se atrevían a poner a prueba al régimen franquista. Silvia Carretero, una muchacha sospechosa de haber pertenecido al FRAP fue detenida y torturada en la comisaria de Roberto Conesa en la Dirección General de Seguridad. Todavía hoy, conserva señales de las heridas y recuerda su traslado en el coche policial a las dependencias: “...mientras me trasladaban, los guardias que iban en el coche me decían: sabemos que estás embarazada porque tienes las tetas muy gordas, pero nos importa tres cojones que abortes…”.
Heridas que Silvia puede explicar. La tres Mariposas, no. Pero su valentía, que muchos hombres y Estados no tienen, servirán para siempre de ejemplo de una aberración que nunca debería haber existido.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Instrucciones para votar (en un pequeño país)

Tómese su tiempo. Cíñase al fasto magisterio de la libertad y ejerza su derecho sin vergüenza. Y si la tiene, diríjase al confesionario, donde su elección cobrará vida secreta. Despliegue las cortinas. Entre. Luego, protéjase detrás de ellas. Déjese de zarandajas y no se le ocurra encender velas, o saldrá ardiendo. No es necesario. Al finalizar la jornada, y tras el primer sondeo de la agencia Glups a pie de urna, ya saldrá ardiendo el perdedor en una pira que le habrán preparado los medios para la ocasión. Allá, mientras su cabello chisporrotea igual que el palo de un auto de choque,  gritará desaforado que cero votos no es un resultado menor. Pero nadie le creerá.



Tampoco se deje influenciar por el trasiego del día. Las televisiones no cejarán en su empeño en  informar en todo momento que la jornada se estará desarrollando con absoluta calma y tranquilidad; pero la verdad es que toda la población no cesará de realizar desplazamientos de sus casas al colegio electoral, del colegio electoral al vermut, del vermut al partido de fútbol del niño, del partido de fútbol del niño a la fideuá de la yaya Quimeta y de la fideuá de la yaya Quimeta a la jornada de puertas abiertas de la ONG Cretinos sin Fronteras.


Respire hondo, hasta donde le permita la conciencia. Usted y la papeleta, la papeleta y usted. El tiempo entre cortinas pasará rápido, pero repase de nuevo las candidaturas: ahí estará su futuro. No se desvíe ni se distraiga. No se obceque en pensar diferente ni apoyar aventuras irresponsables y menos todavía en apostar a caballo perdedor. Para ello puede servirse de la técnica calambur: entre la gaviota y la rosa, su majestad escoja. Son los fondos de inversión de renta fija del mundo político. Poco rentables, pero seguros.A continuación, salga del confesionario. Diríjase a la mesa electoral. No deje en todo momento de aferrarse con sus dedos a la papeleta escogida. Ya se ha liberado de esa pesada carga de la conciencia. Al cabo de unos instantes, el vocal primero, que no sabe leer ni escribir, el vocal segundo, aquejado de narcolepsia, y el presidente erecto - que comenta chascarrillos -, le recibirán. Marcarán la raya en su nombre, en el censo de un país conformado por veintitantos ciudadanos.


El sobre y la papeleta iniciarán un suave pero decisivo eslalon desde el boquete hasta el culo de la urna. Ésta recibirá la breve e insoportable levedad de un papel. Intente no hacer al mismo tiempo lo siguiente: dar la mano al presidente, dar la otra mano al vocal segundo, dar los buenos días a la cotorra Asunción que acompaña al vocal primero y que le representa mientras duerme - ¡Ramón, despierta coño! - ...enseñar su documento de identidad, enseñar su mejor sonrisa a la tele nacional, dar su nombre y apellidos, dar su dignidad y votar. No lo haga todo a la vez o corre riesgo de sufrir un colapso por sobredosis cívica.


A la salida, deténgase. Acaricie y saboree ese precioso instante de haber cumplido con el deber. Ya no tendrá que oír más promesas. Se las habrá llevado el viento al atardecer.

sábado, 10 de noviembre de 2012

La vida de los muertos (IV)

Una muerte de mierda




“…espérese y le prestamos una tienda de campaña. O acceda a la ayuda que le prestarán los servicios sociales, ellos le facilitarán los tickets del comedor social. Pero no se tire por favor, o nos estropeará nuestro plan de desahuciar a cientos de familias cada día, mujer, no lo haga, que también tenemos familias que alimentar…”.

Esto, o algo parecido, vino a decir la comitiva judicial y su orden de desahucio contra Amaia Egaña y su familia por impago de las cuotas de hipoteca de su piso. Orden que no pudo llevarse a cabo el nueve de noviembre de 2012, en la población de Barakaldo, puesto que Amaia, presa de la desesperación, víctima del absurdo y humillada por un sistema que antepone los intereses de los bancos a la dignidad de las personas, que rescata a los delincuentes en vez de a los inocentes, decidió poner fin a una situación extrema. Quizás, en su dignidad llevada al límite, dijo: “…no acepto esto. Si pierdo el techo por el que tantos años he trabajado duro y con ello, además,  pierdo mi dignidad, ¿qué me dejarán para vivir?...”.

La prensa digital, en pocos minutos, dio fe de lo sucedido y las redes sociales, foros y portales de información recababan opiniones y declaraciones en un tono crispado y un volumen muy elevado de indignación e incredulidad, no ya por lo sucedido, sino por la impotencia generada ante un hecho provocado por la injusticia en su versión más descarnada.
En un extremo, el martillo pilón de una gran siderúrgica financiera que machaca a los ciudadanos; un martillo pilón que marca el ritmo acompasado, igual que en las galeras de Ben-Hur. Acrecentándose por momentos. Alimentado por el miedo y la coerción que instigan los cada vez más salvajes latigazos del amo: un amo organizado, en perfecta alineación al modo de las legiones romanas y reforzados por Ortatus, el político, que golpea el martillo.  Políticos de mensajes milenaristas y vendedores de opio adulterado. En el otro extremo, los ciudadanos condenados a las galeras, reman con la vista cabizbaja a un ritmo cada vez más alto. El enemigo, a la vista, todavía está lejos. Pero queda cerca el día en que deberán obedecer a la troika, deberán arrodillarse y entrar en boga de ataque. El ritmo es irresistible para muchos. Unos desfallecen. Otros arrojan la toalla. Otros tiran la toalla y se arrojan. Como Amaia. Al vacío. A la nada. Hasta que la nave que transporta a los esclavos, eufemísticamente llamados ciudadanos del siglo XXI, entra en boga de ariete e impacta contra el barco enemigo. El barco de la democracia y de los derechos civiles. Es el nuevo orden mundial.
Barakaldo es una población de gente trabajadora. Tuvieron que soportar los años de plomo de la violencia política después de una Transición pactada a espaldas de sus ciudadanos. Tuvo que soportar el derrumbe de la economía que la sostenía: los Altos Hornos de Vizcaya. Que tuvo como consecuencia la proliferación de parados que podían ser perfectamente los personajes de Los lunes al sol. Donde una ingente cantidad de muchachos y muchachas, nacidos en la época del baby-boom, se vieron abocados al paro y a formar parte de la versión euskera del No Future con banda sonora propia: heroína, sida, violencia, pistolas, represión, drogas, alcohol y sobre todo el maquiavélico Plan Zen que el gobierno socialista (sí, socialista) creó para criminalizar de terroristas a la juventud vasca de entonces.
Y ahora que Barakaldo continuaba su historia por otros derroteros económicos y a pesar de crecer sobre toneladas de Lindano, plaguicida extremadamente tóxico que campaba a sus anchas en los antiguos recintos industriales; ahora que crecía con la esperanza de que una nueva savia política libre de pistolas aportara algo más de razón y de coherencia; ahora vienen (nunca se fueron) las amenazas de los ricos. Y han encontrado en Amaia a una víctima propiciatoria, lavando - eso sí - sus conciencias pocas horas después con el anuncio de que intentarán la paralización de los desahucios.
Esto es terrorismo. De estado, o financiero, o como le quieran llamar. Pero no veo que salgan cogidos de los brazos con el tufo que desprenden a unión y democracia y su particular perversión semántica del lenguaje ni les veo dispuestos a realizar un acto de humildad y constricción condenando también esta violencia. Sin pistolas. Pero con armas mucho más eficaces, letales e igual de execrables.

¿Por qué Amaia, por qué? Hoy muchos ciudadanos nos sentimos muy mal y no podemos evitar pensar que entre todos podríamos haber hecho algo más. El apoyo a los ejecutores de este plan de exterminio a los derechos de los ciudadanos se lo han dado en este país más de once millones de personas. Tantos años de lucha y de derramamiento de sangre de inocentes para que en menos tiempo que dura una canción de los Ramones se desmonte el armazón del www.estadodederecho.paf!  Para que todo acabe en una muerte cocinada a fuego lento.

Para que todo acabe en eso, en una muerte de mierda.