viernes, 21 de septiembre de 2012

La vida de los muertos (III)

Ni tan calvo ni con dos pelucas




No sabemos si existen vidas que sobreviven a la propia muerte pero sí sabemos que el factor muerte siempre estuvo muy ligado al político don Santiago Carrillo a lo largo de toda su vida. A pesar de su avanzada edad y algunos lógicos achaques, nunca pudo decirse que era un muerto en vida, al contrario, mantuvo un pasado lejano totalmente presente ya fuera en los micrófonos de los magazines radiofónicos de tarde o en las presentaciones de libros o incluso a través de terceros como la disección novelada que sobre su persona realizó el escritor Javier Cercas en Anatomía de un instante. De uno u otro modo, suscitaba reacciones de lo más extremo desde la indignación hasta la idolatría. A nadie dejó indiferente, pues se trataba de una persona de opinión propia que nada callaba, unas veces nadando a contracorriente de lo que se suponía debía opinar y otras desdiciéndose de aquello que postuló en otros momentos de su vida.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Del contrato social: el matrimonio entre España y Catalunya


El contrato social: una aproximación



El contrato social (definición extraída de Wikipedia) es un acuerdo real o hipotético realizado en el interior de un grupo por sus miembros, como por ejemplo el que se adquiere en un Estado en relación a los derechos y deberes del estado y de sus ciudadanos. Se parte de la idea de que todos los miembros del grupo están de acuerdo por voluntad propia con el contrato social, en virtud de lo cual admiten la existencia de una autoridad, de unas normas morales y leyes, a las que se someten. 
Cabe destacar primero que anteriormente a Rousseau, que fue el filósofo que describió de forma más acertada este tipo de acuerdo, existió otro filósofo que avanzó un siglo antes una formulación similar: Thomas Hobbes en su obra Leviatán. El sustrato del orden natural en que se basan Hobbes y Rousseau para modelar su percepción de la naturaleza del ser humano son divergentes. Hobbes afirmó que el hombre es un lobo para el hombre y que por ello debía existir una autoridad que regentará las voluntades individuales. Rousseau creía que el ser humano es bueno por naturaleza y establece el contrato social como medio de que garantice unas condiciones de libertad e igualdad de diferentes grupos de personas (naciones en el caso que nos atañe) para facilitar la consolidación de un Estado de derecho.. Pero en este tratado confluyen de forma determinante las ideas filosóficas del liberalismo (más puro). El pensamiento de Rousseau sirvió de base ideológica en los hechos de la Revolución Francesa y también tuvo influencia en los procesos del liberalismo político del siglo XIX. Cabe señalar que la idea de contrato social es anterior a la conformación del nacionalismo español o catalán como idea social y política que tuvo como punto de partida el siglo XIX.
 
Evolución del contrato entre España y Catalunya

No hace falta señalar

sábado, 15 de septiembre de 2012

Microrrelatos (IV)

El consejero


Obelisco calatravaEl consejero delegado se acomodó en el nuevo tapizado de piel del coche oficial. Se anudó la corbata. Repasó su agenda en el portátil y leyó los correos pendientes. Torció el gesto: la cotización bursátil de la compañía continuaba la carrera alcista, aunque a menor ritmo de lo esperado. Pero se sentía mejor después del partido de squash. El vehículo enfiló el Paseo de la Castellana encadenando varios semáforos en verde hasta que se detuvo. Un tipo de su edad que vestía un polo deportivo se acercó a la ventanilla. Golpeó con sus nudillos el vidrio del coche. Le mostró un vaso de papel de Starbucks pidiéndole una ayuda.
- ¿César? - se preguntó el consejero.
El mendigo perdió la mirada en el interior del vehículo.
El chófer arrancó sin esperar al cambio de luces.
- ¿Se ha fijado, señor? Los mendigos de la Castellana visten Lacoste.

(imagen autorizada para uso público :por Guimir (Trabajo propio) [Public domain], undefined)

miércoles, 1 de agosto de 2012

De la cultura del pelotazo al pelotazo cultural

Reseña del libro:
CT o la cultura de transición : crítica a 35 años de cultura española / Carlos Acevedo ... [et al.]
Barcelona : Debolsillo/Random House Mondadori, 2012


Portada dle libro: CT o la cultura de la Transición (reproducción bajo normas de Creative Commons)
Interesante libro caído entre unas manos ávidas de mamporros ensayísticos decidido a interponer entre la siesta y la canícula un espacio de pura tensión crítica.
La expresión de pelotazo de la cultura - acuñada para la ocasión por los periodistas Pablo Elorduy e Irene G. Rubio en las páginas de Diagonal Periódico - define el paradigma que supuso - y supone -  el establishment cultural desde los años de la Transición a la democracia en España. El periodista Guillem Martínez, cerebro gris del libro atribuye a la concreción de un proceso doctrinario de la progresía setentera, la inculcación de una idea de cultura a la naciente sociedad democrática de aquel entonces (1975-1982 por poner unas delimitaciones al contexto temporal).
Detrás de las élites culturales no existen personas ni conspiraciones, no. Existe y subyace una idea de lealtad y prietas las filas ante el consenso y la democracia, términos que curiosamente nunca han dejado de ser un leit-motiv en los discursos monárquicos de la profunda y honda satisfacción.
Pero ¿qué nos quiere explicar este libro?

jueves, 19 de julio de 2012

Microrrelatos (III)

Niña lycopodium

por Soledad Vega


(microrrelat suprimit per cedir els drets al III Concurs de Microrrelats Negres de La Bobila (L'H).

martes, 10 de julio de 2012

Los fantasmas de Sarriá visten de chandal

Entrevista a Wilmar Cabrera. Periodista colombiano autor de la novela Los fantasmas de Sarriá visten de chandal editado por Milenio. Libro más vendido en la Casa del Libro de Rambla Catalunya en su semana de lanzamiento. Junio de 2012


“El partido Italia-Brasil del Mundial 82 debería estar en el Louvre, como una obra de arte.”




¿Por qué un libro sobre fútbol?

Siempre quise escribir una novela sobre fútbol pero no sabía cómo proyectar y materializar esta idea. Los libros sobre fútbol me interesan pero la mayoría me acaban defraudando ya que se centran en la cotidianeidad y básicamente sólo salen biografías. De hecho, en ellos, se habla poco de fútbol y pienso que lo dificulta el hecho que tratarlo desde el punto de vista literario es muy difícil.

martes, 19 de junio de 2012

La vida de los muertos (II)

Hipercor, 25 años de dolor y olvido

Nadie los vio. Quizás sólo un miembro de las fuerzas de seguridad los vigilaba, pero no había nada que temer. La tensión maniataba cualquier intento de acto histérico o irracional. Frente a frente, asesino y víctima, sin más barrera que una distancia de seguridad protocolaria y veinticinco años de incredulidad.

¿El asesino será diferente a aquella persona que depositó en el parking de Hipercor un Ford Sierra con cien litros de gasolina, escamas de jabón, pegamento, tornillos y un detonador que hizo saltar el centro comercial por los aires a 3.000 grados de temperatura? pensó probablemente Roberto. No lo sabemos.

¿Qué le digo a la víctima? ¿Qué me dirá? ¿Podré soportar el peso de tanto sufrimiento? ¿Todavía me niego a reconocer el daño causado por miedo a que no podré soportarlo?
se preguntó, quizás,  el verdugo conforme la adrenalina invadía todas y cada una de sus fibras nerviosas instantes antes de la reunión con Roberto.

Nadie lo supo. Los muertos fueron veintiuno. Los heridos, decenas, por quemaduras, por asfixia, por sordera y muchas otras dolencias terribles de explicar. Y centenares, de heridos en el alma, que nunca podrán sanar. Siendo responsables los terroristas de la masacre, se pudo minimizar la tragedia. Pero lo impidió un encadenamiento de errores provocado por la torpeza e incompetencia más absoluta en la coordinación policial, que no procedió  a la evacuación de Hipercor, evidencia que ha sido reconocida por la justicia así como por investigadores en la materia como Antoni Batista, doctor en Ciencias de la Comunicación, que diseccionó los momentos previos a la deflagración y que dio lugar a la publicación de un libro sobre la cuestión. Sólo la actuación policial posterior que capturó al comando Barcelona, autor del atentado, compensó en parte la imagen de las fuerzas de seguridad que quedó en entredicho.


La vida es vida y así está reconocida. Y la muerte es muerte. Pero los muertos tienen vida. Una dimensión no reconocida, un limbo invisible para la Administración. Y para la sociedad. Algunos viven. Otros no porque están muertos. Pero viven. Y de qué manera. Si no que se lo pregunten a Nuri Manzanares. Perdió a sus dos hijos y a su hermana. O a Alvaro Cabrerizo: perdió a su mujer y sus dos hijas, que fueron a comprar un bikini. Nunca más las volvió a ver.

Álvaro siempre se ha preguntado tres veces ¿por qué? Una, por qué ese atentado. Dos por qué mi mujer y mis dos hijas. Y tres, por qué me ha dicho la Administración que no soy una víctima. La respuesta es que no fue a ningún médico y dos, no estaba allí presente. Sólo con haber ido al médico de cabecera y le hubiera recetado una aspirina ya le hubieran reconocido como víctima. Todavía se lo sigue preguntando. Pero no en este mundo, porque hace dos años falleció de un cáncer. Se lo pregunta en otra vida. Lola, su segunda mujer, luchó junto a Álvaro por el reconocimiento de las víctimas. Defiende que Álvaro clínicamente falleció de càncer, pero que vitalmente murió porque se sintió sin fuerzas para luchar. Te puedes enfrentar al odio porque un resorte muy humano y profundo te empuja a rebelarte contra ello. Pero, delante de la incomprensión y de la exclusión ¿Contra qué vas a luchar? ¿Contra una sociedad que te ha hecho invisible?


Hay quien criticará cierta pornografía gratuita y emocional de este artículo. Pero no he venido a hablar de ello sino de las víctimas, porque son víctimas por culpa de unos asesinos y son víctimas porque la Administración los pone contra las cuerdas, sometiéndolos a un entramado burocrático y legal difícil de soportar sumado a la ya difícil situación sufrida. Máxime cuando durante esta semana, los atletas de la Transición, todo ese grupo de políticos antifranquistas aficionados a correr delante de los grises y que, decían,  luchaban por la democracia, se unen a otros políticos de diferente calado ideológico y les dedican a las víctimas unas palabras y unas palmaditas y dejan correr alguna lágrima, ahora que se cumplen veinticinco años del atentado de Hipercor. Pero me pregunto: ¿no han sido capaces, en todo este tiempo, de resolver diligentemente la situación de treinta y tres víctimas de Hipercor por unos estúpidos, absurdos y esperpénticos argumentos legales que les impide ser reconocidas como víctimas? No es de extrañar, ahora que estos políticos, pactistas en la Transición, hayan permitido dejar el país español como está y no contentos con ello someten a la ciudadanía a rebajar brutalmente la calidad de vida y los derechos democráticos. Sí, ellos, que dicen lucharon por la democracia.


La AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) también es un ejemplo de ello. No representa a las víctimas. Representa una idea secuestrada y sesgada en términos políticos, alejada de la realidad, que comulga con el chantaje emocional para empozoñar a la sociedad. La politización fue la razón por la cual Roberto Manrique tuvo que desvincularse de esta asociación, (él representaba la delegación catalana), para pasar a ser el impulsor de la Asociación Catalana de Victimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) en 2003. Desde esta asociación ha conseguido, por ejemplo, que las víctimas del atentado de la sala de fiestas Scala en 1978 hayan sido consideradas víctimas del terrorismo. Un atentado clave en la Transición pues se juzgó socialmente en paralelo a la CNT y criminalmente a unos jóvenes y que años después se demostró que fue un atentado urdido desde los servicios secretos españoles para hundir al movimiento sindical anarquista La documentación del proceso judicial es confidencial y alto secreto de Estado  y no se podrá acceder a sus archivos hasta el 2038. El hijo de uno de aquellas víctimas mortales, ahora concejal en el ayuntamiento de Santa Perpetua de la Mogoda todavía busca una respuesta a ello y no se lo permiten. 


Y sin desear crear ningún conflicto, todavía existe un profundísimo tabú existente en la actuación de una parte de las fuerzas de seguridad del Estado (no se puede generalizar, cada realidad en su sitio) ejerciendo la brutalidad y la tortura en las comisarías a centenares de jóvenes vascos, que sin llegar a tener una vinculación con el terrorismo, sufrieron la violencia política sólo por el hecho de ser vascos o simpatizar con el independentismo no con la violencia. Claro está, que a ojos de la sociedad y los políticos no eran más que los efectos colaterales, un eufemismo con el que en definitiva, se pretende justificar la violencia sea ésta legal o no. Prueba de ello han sido las constantes denuncias desde hace décadas de Amnistía Internacional en este sentido y en este ámbito. Ellos también han sido víctimas criminalizadas socialmente hasta el paroxismo y objeto de violencia y acoso de baja intensidad sólo por el hecho, repito, de ser vascos o sentirse vascos.


Siguen habiendo muchas víctimas de terrorismo, no sólo de ETA, sino de otras organizaciones que alimentan un listado de centenares de  personas asesinadas a manos de aparatos u organizaciones satélites relacionadas con las fuerzas de seguridad, la extrema derecha y las cloacas del Estado en tiempos de la Transición que han sido silenciadas. Sólo el GAL, fue la única organización que por intereses políticos del Partido Popular vio la luz y fue condenada no sólo legalmente sino socialmente. Son las víctimas invisibles. Víctimas que para Roberto Manrique son víctimas, sin importar los colores, las simpatías ideológicas, deportivas o políticas. Son víctimas que tienen vida. Y tienen un derecho a la memoria y al reconocimiento abierto y sincero. Esperan, muchas de ellas, que les pidan perdón por parte de quienes han hecho un daño injustificado y cruel y una rectificación por parte de la sociedad y el Estado por el trato tan nefasto que les ha otorgado. O mejor dicho, el no trato, porque tal y como denuncian las víctimas de Hipercor, se sienten abandonadas y olvidadas. Situación que, moralmente, dista mucho del canon de lo que debe ser una sociedad justa y plenamente democrática.


De momento, Roberto, en su reunión con el verdugo de Hipercor intuyó en el rostro del verdugo - según declaró a los medios de comunicación - un arrepentimiento profundo, pero no obtuvo una demanda de perdón explícito por parte de Rafael Caride. Y por otro lado, los políticos hablan pero no actúan, ahí siguen las treinta y tres víctimas no reconocidas. Cualquiera de ellas podría declarar perfectamente:

“Yo vine a comprar a Hipercor oiga, no pedí ninguna bomba y sin embargo me obligan a estar esperando en una ventanilla a obtener mi condición. Llevo veinticinco años, y ya ve usted, aquí sigo”..

Muchas incógnitas, muchas dudas, mucho sufrimiento, mucha injusticia. Y dolor mucho dolor. El dolor y la pérdida les mantiene con vida. Unos desde la vida, otros desde la muerte. Pero es otro tipo de vida y, no lo duden, mucho más digna a pesar de los que carecen de ella y elaboran leyes que luego no cumplen.

Así lo subraya Rosa,también víctima y que sobrevivió a la bola de fuego: a mí no me mataron, pero me mataron la vida.


Así es la vida de los muertos.